jueves, julio 05, 2007

Por la vida y la libertad
¡Acuerdo Humanitario Ya!

Crónica gráfica Notimundo.
Bajo la consigna: “Acuerdo Humanitario Ya”, el Polo Democrático Alternativo en cabeza de sus directivas participó este medio día de la jornada de protesta para reclamar un inmediato acuerdo humanitario y en solidaridad con las víctimas del conflicto.
En el Parque Nacional donde se dieron cita varios dirigentes y afiliados del Polo, Carlos Gaviria dijo que para que el conflicto armado termine en Colombia, hay que empezar por reconocer que hay conflicto. De igual forma, agregó, “hay que negociar, es necesario”.
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3 comentarios:

  1. Porque es convocada por Uribe, parte activa en este conflicto y también atizador de esta guerra. Tampoco participaría en una movilización convocada por las FARC.


    Porque la dignidad, el dolor y la decisión de los familiares de las víctimas merecen respeto, solidaridad y no manipulación política. En su comunicado los familiares expresaron. “Convocamos a la sociedad civil, a los medios de comunicación, a las organizaciones sociales, humanitarias y al país en general para que hagan eco de nuestra petición, en solidaridad y como homenaje a quienes perdieron la vida en la selva después de un penoso y largo cautiverio”. La petición, a la que nos piden que nos sumemos, es concreta, se refiere a que las FARC entreguen los cadáveres a una Comisión Humanitaria en cabeza de la Defensoría del Pueblo.


    Porque en la mañana de hoy, 4 de julio, al mismo momento que todos los grandes medios llaman a la movilización, el Presidente Uribe decía en Caracol que “la ciudadanía también debe aprovechar la marcha para exigir al Gobierno Nacional firmeza en la lucha contra el terrorismo, cero claudicaciones y un no rotundo al despeje”. Yo me movilizaría exigiendo el despeje, para un acuerdo humanitario y no para saciar la terquedad vengativa del mandatario.


    Porque el Presidente con su declaración de hoy y con la convocatoria a la movilización, de la cual también hizo amplio eco el Ministro de la Defensa, pretende involucrarnos a todos en el conflicto armado, desde su perspectiva de “guerra preventiva” y de lucha antiterrorista, y, cierra todas las posibilidades de una salida política negociada.


    Porque esta movilización profundiza las estigmatizaciones y los oportunismos políticos que esconden otras realidades. Según los gremios económicos, la iglesia y la institucionalidad, en su conjunto, “llegó la hora de manifestarse contra los violentos”. Esa hora no había llegado cuando miles de víctimas denunciaban los crímenes del paramilitarismo y cuando cientos de familiares se movilizaban a las fosas comunes a desenterrar a las víctimas de los crímenes de paramilitares y crímenes de estado. Para esta movilización, los empresarios, banqueros, burócratas y la misma institucionalidad, “facilitan” el tiempo (con visos de condicionamiento) a sus empleados para que salgan a la protesta. En días pasados, cuando los maestros hicieron lo mismo, el Presidente ordenó descontarles de su salario las horas o días no trabajados.


    Porque la movilización tiene como trasfondo “una verdad”, la del Presidente, que los medios masivos de comunicación se han encargado de “instalar” en la opinión pública. La movilización, por el contrario, debería ser el escenario para que la Palabra (Verdad) de las víctimas y su familiares camine libremente y tenga eco en todos los rincones; y, para que la búsqueda de la verdad sea un proceso societal, (memoria colectiva), con garantías para hacerlo y no un dogma pontificado desde el poder de los guerreros.


    Finalmente, en una democracia, la movilización es generalmente, una acción colectiva que pertenece a los ciudadanos y ciudadanas para expresarse contra poderes hegemónicos y no deberíamos permitir que sea manoseada por el Presidente para amparar en el apoyo popular, el manejo irracional y errático que está haciendo de los asuntos públicos, poniendo en alto juego la vida de hombres y mujeres.

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  2. LAS MARCHAS QUE FALTAN

    Por: Libardo García Gallego

    Mañana jueves 5 de Julio en varias ciudades de Colombia se realizarán nutridas marchas de solidaridad contra el secuestro, sus víctimas y familiares, para exigirle a las FARC la devolución inmediata de los cadáveres de los 11 diputados asesinados el 18 de junio y la libertad de todos los retenidos por esa guerrilla. El presidente Alvaraco le ha colgado otro objetivo: exigir al gobierno firmeza en su decisión de destruir ese grupo “terrorista”, sin propiciar acuerdos humanitarios, ni despejes, y apoyar el rescate a sangre y fuego de los secuestrados por esos “criminales”.



    Nadie duda del éxito de la astuta perorata gubernamental que le achaca a las FARC todos los males padecidos por el pueblo colombiano. Uribe Balas, además del manido argumento según el cual las FARC abandonaron los ideales políticos que les dieron origen, distorsionando la verdad histórica, añade que las guerrillas son culpables del surgimiento de los paramilitares y del estancamiento de la inversión social. Y agrega que las fuerzas militares son patrióticas porque defienden a todos los colombianos cuando ellas están dedicadas exclusivamente a defender los intereses del grupúsculo dueño de todo. Lo malo es que buena parte de los compatriotas se tragan estos cuentos y los repiten cual bandadas de cotorras y arrendajos.



    A esos simplismos reduce el gobierno los diagnósticos serios que sobre muestro país han realizado renombrados estudiosos del mundo científico, académico y político. Mientras éstos dicen que en Colombia nunca ha existido democracia, Alvaraco sostiene que aquí tenemos una “democracia profunda”; mientras éstos nos dicen que la desigualdad social es abismal, el gobierno se empeña en que ésta en vez de aumentar ha disminuido; mientras éstos demuestran las inconveniencias del TLC con Estados Unidos, el gobierno pro gringo se empecina en atribuirle supuestas bondades. Y así, ad infinitum. Para los detentadores de nuestras riquezas, el gobierno de Uribe Balas es un modelo de administración excelente. Claro! Para ese grupito de privilegiados es lo mejor. Lo peor es que los excluidos, los pobres y miserables también lo consideren bueno para ellos.



    La desinformación, promovida desde la escuela y a través de los medios, es uno de los mayores problemas colombianos. Al gobierno y su clase no les interesa coger el toro por los cuernos, siempre lo agarran por la cola, y el pueblo alienado los aplaude cual si fuesen héroes. Ahora resulta que a quienes luchan, así sea equivocadamente, por un país mejor, se les va a responsabilizar de las masacres y de los miles de homicidios cometidos por las fuerzas militares y por los paramilitares, van a resultar hasta culpables del exterminio del partido creado por las mismas FARC, casi 5000 militantes de la Unión Patriótica, de los miles de sindicalistas asesinados, de las casi 30.000 ejecuciones extrajudiciales, de más de 6.500 desaparecidos y de más de 4 millones de desplazados. El gobierno y su clase no sólo estratifican los hogares, también establecen gradaciones ciudadanas, desde los de primera categoría hasta los de sexta. Mañana el gobierno y su clase se integrarán a las marchas cívicas contra las FARC, pero nunca les ha pasado por la mente una manifestación popular contra el paramilitarismo y sus masacres o contra los crímenes cometidos por la fuerza pública. Es explicable, pues sería protestar contra ellos mismos.



    Y menos se les ocurrirán marchas de solidaridad con los desplazados, con los desocupados, con los trabajadores del rebusque, o manifestaciones públicas exigiendo salud, educación y vivienda para todos los colombianos, o repique nacional de campanas y pitos por reforma agraria integral o por salarios dignos para todos o contra los altísimos salarios de Gerentes, Parlamentarios, Ministros, Magistrados etc.



    En síntesis, los actos de Uribe Balas y su gobierno se apoyan en la doble moral burguesa que los inspira. El pueblo debe saber que aquéllos sólamente trabajan para beneficio de su propia clase, los demás que se mueran o se los lleve el diablo. He ahí el porqué de la eterna elusión de las verdaderas reformas que requiere el país, mientras la élite sigue concentrando para sí la tierra, las acciones, los empleos, las gabelas, los privilegios, … en contubernio con sus pares de los demás países capitalistas.

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  3. Una victoria del Acuerdo Humanitario

    Ante todo hay que saludar el impresionante despliegue de solidaridad que se vivió ayer en las plazas, parques, calles y carreteras de Colombia. Aunque obligatorio es reconocer que aún existe una mayoría indecisa, indolente o incrédula.

    Pero también hay que destacar el fracaso del gobierno para convertir la jornada en una manifestación exclusivamente a su favor y en contra del Acuerdo Humanitario.

    Uribe dispuso todo para que la jornada fuera en su alabanza. Elaboraron las pancartas sobre la firmeza y contra el despeje y puso a los ministros a encabezar las marchas de las principales ciudades buscando capitalizarlas, entre muchas otras acciones de control y manipulación.

    Pero el Acuerdo Humanitario, despreciado por Uribe, reclamado por los familiares de los secuestrados y retenidos y las amplias mayorías nacionales, caló en las consignas, en las declaraciones y en las pancartas que con amor y espontaneidad fueron hechas por la propia gente. Y hay que decirlo, hubo “guerra de consignas” entre manifestantes.

    Pero no en torno al acuerdo Humanitario. El país en la calle está dividido entre si el acuerdo es con despeje o sin despeje. Y fue aquí donde se sintió el choque de las consignas.

    Esto se pudo constatar especialmente en las marchas de Bogotá. Pero fueron “choques” democráticos, en general. A Pesar del odio iracundo que mostraron algunos sectores uribistas, aleccionados para la ofensa y la irracionalidad.

    La mejor lección que puede sacarse de la jornada de ayer es que mayoritariamente el país no quiere más secuestros ni violencia, está cansado de la guerra, quiere el intercambio humanitario y anhela la paz.

    Debería ser el momento para replantear posiciones. El momento de colocarse como objetivo la solución del problema y no la victoria mediante la aniquilación y destrucción de la contraparte.

    El momento en que la vida esté por encima de una supuesta institucionalidad inmodificable.

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