lunes, mayo 21, 2007

Fosas comunes en el Putumayo, lo que la costumbre dice o calla

La costumbre es uno de los efectos que se ha ido haciendo parte de la cotidianidad, el develamiento de los horrores del paramilitarismo como el de las fosas comunes son parte del diario devenir, que no logra conmover los mínimos de la sensibilidad y por tanto la actuación, el agenciamiento civil y el cambio de lógica para comprender el presente. Somos presos o esclavos de la costumbre y de una cualificación de los mecanismos del consentimiento, la fábrica del consenso, siguiendo a Chomsky. Más información.
Lea también:

1 comentario:

  1. De antemano quiero decirle que así como va a mandar al soldado Jhon Frank Pinchao por todo el mundo a contar su retención por parte de FARC-EP debería aprovechar y mandar al paramilitar Robinsón quien confeso en el programa contravía “Un día los comandantes llegaron al pueblo con varios civiles amarrados y, de repente, uno de ellos dio una orden perentoria: Los nuevos salgan de la fila y fórmense. Y delante de ellos, el comandante alias Maluco agarró del cabello a uno de los civiles y delante de todos le clavó el cuchillo en la garganta. Luego dijo sonriente: Esto se hace para que no puedan gritar. Y luego explicó sin inmutarse que había que tener cuidado con no cortar la yugular, porque la idea era que sufrieran”.descuartizo a nueve personas. Una de ellas fue a su propio amigo, El muchacho contó que tuvo descuartizarlo vivo. Lo del río San Miguel donde observaron a unos guerrilleros en El Afilador. A los pocos días, el comando Cali ordenó sacar a toda la gente de El Afilador a la cancha. Parecía un allanamiento. Entraron tumbando puertas, sacaron a la gente y a todos los hicimos arrodillar. Las mujeres gritaban, los hombres guardaban silencio. Los asesinaron a todos, entre ellos a 15 mujeres. Un comandante mató a dos niños que lloraban la muerte de su madre

    “Como él, hay muchos que siguen libres”, comenta Robinsón. Y añade: "Es que es difícil cambiar la vida de un día para otro". Luego admite que estuvo en diferentes albergues por problemas de drogadicción. ¿Cuántos como él pueden seguir en la calle?, pregunta uno de los funcionarios judiciales en la ruta de regreso a Puerto Asís y después a Bogotá. Nadie lo sabe. La mayoría del país desconoce también que en apenas cinco años, en el Putumayo murieron masacrados centenares de colombianos anónimos que apenas ahora cuentan sus historias desde sus despojos.

    ResponderEliminar