Las Farc aspiran a construir un mejor país para todos

Rodrigo Londoño es ovacionado luego de su
discurso en la instalación del Congreso polítio
de las Farc. Foto: Semana.
Por: Camilo Raigozo
27/082017

En el discurso de apertura del Congreso Político de las Farc, Rodrigo Londoño Echeverry, antes “Timochenko”, expresó entre otras cosas que, “No se trata de añorar volviendo la vista al pasado, sino de extraer de él la experiencia acumulada con miras a la construcción de un futuro mejor para nuestro pueblo”.

El Congreso, que vio su inicio este 27 de agosto y se extenderá hasta el próximo 1 de septiembre, recibió a al menos 1.100 delegados escogidos previamente en las diferentes asambleas de excombatientes. La lista de invitados del ámbito político y cultural del país también fue nutrida.

El evento que se desarrolla en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, tiene entre otros objetivos, definir el nombre, colores y símbolos del nuevo partido político, así como también acordar el estatuto, programa y plataforma que tendrá. Igualmente saldrán escogidos los diez candidatos al Congreso de la República.

Vista parcial de la mesa directiva del Congreso.
Foto:El Espectador.
A continuación el discurso en su integridad:

Al reunirnos en este Congreso, con el propósito de fundar el nuevo partido político que presentaremos al pueblo colombiano, estamos dando un paso trascendental en la historia de las luchas populares en Colombia.

Las FARC-EP, el glorioso movimiento armado revolucionario nacido el 27 de mayo de 1964, nos transformaremos a partir de este evento en una nueva organización exclusivamente política, que ejercerá su actividad por medios legales. Esto no significa que renunciemos de algún modo a nuestros fundamentos ideológicos o proyecto de sociedad.

Seguiremos siendo tan revolucionarios como los marquetalianos, persistiremos en recoger las banderas bolivarianas y las tradiciones libertarias de nuestro pueblo, para luchar por el poder y llevar a Colombia al ejercicio pleno de su soberanía nacional, y a hacer vigente la soberanía popular.

Continuaremos luchando por el establecimiento de un régimen político democrático que garantice la paz con justicia social, el respeto de los Derechos Humanos y un desarrollo económico con bienestar para todos quienes vivimos en Colombia.

Así lo estableció nuestra Octava Conferencia al corregir y ampliar el Programa Agrario, y tales previsiones seguirán siendo parte de nuestro arsenal ideológico y político.

Simplemente ahora damos cumplimiento a las conclusiones aprobadas por nuestra Décima Conferencia. Su declaración política llevó por título ¡Se acabó la guerra, vamos todos y todas a construir la paz! En ella consignamos que el Acuerdo Final de La Habana contiene los mínimos necesarios para dar continuidad por la vía política a nuestras aspiraciones históricas por la transformación del orden social vigente.

Y que por tal razón decidimos surtir todos los aprestamientos necesarios para el tránsito de nuestra estructura político-militar hacia un nuevo partido político. Dificultades conocidas en la implementación, impidieron que este Congreso se celebrara en el mes de mayo. 

Lo hacemos tres meses después, con la misma meta trazada por la Conferencia, dar continuidad a nuestros propósitos políticos de carácter estratégico por la construcción social de poder para el pueblo.

Como siempre hicimos las FARC, a nuestros contradictores en uno y otro extremo del espectro político responderemos siempre con hechos, sin necesidad de enzarzarnos en complicados debates. 

Nuestro mejor argumento serán las masas organizadas y en movimiento en los más diversos escenarios, enfrentando con verdadero talento al régimen y al sistema.

Si nuestro compromiso es ofrecer nuestra fuerza y energía por la unidad de los sectores progresistas, democráticos y revolucionarios del país, de los movimientos políticos y sociales, de las múltiples organizaciones sectoriales y reivindicativas en el nivel nacional, regional y local, tenemos que tomar conciencia real de la amplitud con que debemos dirigirnos a la nación, sin dogmas ni sectarismos, ajenos a toda ostentación ideológica, con propuestas claras y sencillas.

Ello deberá manifestarse en nuestro nombre, en nuestros símbolos, en nuestra actitud, en nuestra manera de tratar con la gente, en nuestras plataformas y programas.

La Gran Convergencia Nacional, con la que pretendemos crear poder desde las bases y disputar los espacios institucionales, sólo será posible si actuamos con modestia, sin soberbias o suficiencias, con respeto por los demás. 

No necesitamos convencernos de que somos revolucionarios, sino sumar más y más gente al proceso por las grandes transformaciones del país.

Las marchas guerrilleras solían enfrentarse a enormes filos, que una vez coronados nos permitían apreciar más allá, hacia otras hondonadas y cimas que nos esperaban. 

Es así como debemos considerar el paso que estamos dando. Superamos en lo fundamental el obstáculo de la guerra, celebramos este Congreso públicamente y en la capital del país, una victoria real impensable años atrás. Tenemos por delante grandes retos y múltiples dificultades.

Nada es fácil en el mundo político, mucho menos la actividad revolucionaria. El régimen y el sistema no están hechos para nosotros, pero estamos inmersos en ellos y dispuestos a cambiarlos.

Requeriremos de cabeza fría y de masas que nos respalden en todos los espacios. Nuestra misión fundamental será ganarlas, sin ellas el adversario hará lo que quiera con nosotros, sin ellas no lograremos cambiar nada.

Hagamos de este un Congreso histórico, del que salgamos más unidos que nunca a cumplir con nuestros sueños. Urge comprender y asumir la dimensión política estratégica del paso que estamos dando. 

No se trata de añorar volviendo la vista al pasado, sino de extraer de él la experiencia acumulada con miras a la construcción de un futuro mejor para nuestro pueblo. La paz tendrá que ser una realidad cierta en Colombia, una hermosa tarea nos espera.