miércoles, mayo 02, 2007

Primero de Mayo
“¡Uribe!, ¡’paraco’!, ¡el pueblo está berraco!”
Unas 100 mil personas desfilaron por la Séptima, y rechazaron el ‘narcopara-uribismo, la firma del TLC, el desempleo rampante y las condiciones laborales. También pidieron que se conozca toda la verdad sobre el genocidio y el desplazamiento cometido por el paramilitarismo, como también se abogó por el intercambio humanitario
Finalmente, la Policía agredió a los manifestantes con bolillo, potentes chorros de agua y gases lacrimógenos
Amplio respaldo social al paro convocado para el próximo 23 de mayo
Por Camilo Raigozo

El primero de mayo de 1886, las calles de la ciudad de Chicago en los Estados Unidos, se vieron sorprendidas por el inusual desfile de unos 80 mil obreros, que de manera unida y organizada, reclamaron a las autoridades y a sus patronos una jornada de trabajo justa de ocho horas, para poder descansar otras ocho y dedicar el resto del día al estudio, a la familia y a la recreación.

En la época, las condiciones de los asalariados eran más paupérrimas que las actuales, con jornadas laborales de hasta 16 horas al día, con salarios que ni siquiera alcanzaban para la reposición de la fuerza productiva de los trabajadores y sin ninguna seguridad social, ni laboral, ni de nada. Era el esclavismo del sistema capitalista de producción, mucho más salvaje que el actual.

Setenta y dos horas después de la manifestación, varios trabajadores y todos sus líderes fueron detenidos y encarcelados. El 21 de junio siguiente, siete “cabecillas” fueron enjuiciados y condenados a la horca. “Castigo ejemplar a esos bandidos. Hay que colgarlos para salvar nuestras instituciones”, corearon los empresarios, los banqueros, los comerciantes y hasta el Fiscal.

La ejecución de ahorcamiento se llevó a cabo el 11 de noviembre de 1887, momento en el que August Spies, obrero alemán de 31 años, uno de los líderes condenados gritó: “la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ...”, su voz se apagó antes de concluir, cuando su cuerpo quedó bamboleándose en el vacío sostenido por la soga en su cuello. Varios obreros fueron condenados a cadena perpetua y otros a 15 años de cárcel.

El crimen de Chicago costó la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales. Aunque hoy no se tiene un número exacto, fueron miles los trabajadores despedidos, encarcelados y torturados. La mayoría eran inmigrantes alemanes, españoles, rusos, italianos, judíos, irlandeses, eslavos y polacos. A pesar de las arduas luchas obreras y épicas batallas, la jornada laboral de ocho horas en Estados Unidos, solo fue alcanzada hasta 1935.

Paradójicamente en Estados Unidos y Canadá, no se celebra el Primero de Mayo, como el Día del Trabajo, sino el Día de la Ley (Law Day); en los dos países, se otorgó el primer lunes de septiembre para celebrar el Día del Trabajo (Labor Day).

Aquella historia de mujeres y hombres heroicos, demuestra que detrás de cada logro conseguido, de cada derecho adquirido hasta hoy, ha tenido el costo de lágrimas, sudor y sangre de sus protagonistas y la lucha de la clase trabajadora en Colombia, no es la excepción.

Miles de obreros colombianos han sido asesinados, desplazados, encarcelados, torturados o desaparecidos, por reclamar sus derechos. De ellos el 99,46 por ciento permanecen en la impunidad, según lo revela la Escuela Nacional Sindical. El mismo fiscal Mario Iguarán, dijo ayer desde Estados Unidos que “algunos” asesinatos de sindicalistas han sido ejecutados por miembros de la Fuerza Pública.

A esta Fuerza Pública, creada por el Estado para defender la soberanía de la Nación y las libertades de todos los colombianos, la oligarquía le ha volteado permanentemente el cañón de sus armas hacia su propio pueblo para asesinarlo, como en el caso de la masacre de las bananeras ocurrida en 1928, cuando el Ejército exterminó a cientos de obreros y a sus familias, para acabar con la huelga con que estos se enfrentaban a las paupérrimas condiciones laborales en que los tenía sumidos la multinacional estadounidense United Fruit Company. La misma empresa que 79 años después y bajo el actual nombre de Chiquita Brand, aceptó que pagó a los paramilitares para que asesinaran a sus obreros sindicalizados.

Otras empresas multinacionales acusadas de pagar a paramilitares para asesinar trabajadores son la Drummond y Coca cola.

En los últimos 21 años, han sido asesinados en Colombia 2.515 sindicalistas, de ellos, 149 desde el año 2005. El presidente Uribe, niega constantemente la magnitud de los asesinatos de sindicalistas colombianos e insiste en presentar informes falaces que distan mucho de la realidad.

Por ejemplo, en la rueda de prensa que dio el mandatario el pasado 19 de abril, dijo que “tan solo” 25 sindicalistas habían sido asesinados el año pasado y que en lo que va corrido de este ha ocurrido uno. La verdad es que el año anterior cayeron asesinados 72 activistas sindicales y en el 2007 han sido asesinados nueve.

Domingo Tovar, director del departamento de derechos humanos de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), le confesó a la revista Semana, el enorme interés que se tiene por los testimonios que están ofreciendo los paramilitares en la mal llamada Ley de Justicia y Paz, porque se sabría de los sitios donde hay cadáveres de sindicalistas, las formas como murieron y su identidad.

“Pero –le dijo Tovar a Semana- no hemos vuelto a los recintos donde dan sus declaraciones porque no hay garantías . Uno va allá y personas vestidas de civil lo filman a uno, le toman fotos y todo lo que pasa ahí llega a manos de paramilitares que no se han desmovilizado” .

Otros desastres y retrocesos que han venido afrontando los asalariados en Colombia, son los derechos perdidos, con leyes aprobadas como por ejemplo la de flexibilización laboral, de la que se valen los empleadores para expoliar más a sus trabajadores. Bajo esta norma, se amplió la jornada de trabajo diurno, que ya no es desde la ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, sino que ahora es de seis de la mañana hasta las 10 de la noche. Así los empresarios multiplicaron sus ganancias mientras que los trabajadores cada vez se pauperizan más.

El costo de indemnización para empleados despedidos sin causa justa también cambió y los trabajadores que superen los 10 años de labores en una empresa ya no tienen el beneficio económico especial del que antes gozaban. Con estas leyes, se incrementaron los contratos por prestación de servicios y el subempleo sin horario definido. Así, los asalariados asumen por su cuenta la seguridad social y el pago de impuestos como la retefuente que antes asumían los patronos.

Los empleadores utilizan cada vez más el mecanismo de contratar al personal por cuenta de cobro librándose de la contratación formal, a término indefinido que le brinde todas las garantías al trabajador y embolsillandose más ganancias.

Gobiernos como el de Uribe, libraron a los empleadores de las indemnizaciones o abaratarlas cuando existan, las cuales habían sido conseguidas en arduas y sangrientas lucha sociales. Ahora despedir a los empleados es más fácil y barato. Nada obliga a los empresarios vincular a la gente a sus empresas con contratos decentes y mínimas garantías laborales y sociales.

Lo anterior impide de paso el desarrollo de las asociaciones sindicales, porque para el Ministerio de la “Protección” Social, reconocer un sindicato, significa que sus integrantes tengan vinculación laboral con las empresas, la que ya no existe. Es por eso, que mientras en 1990, el 12 por ciento de los asalariados estaban protegidos por los sindicatos, hoy estos son solo el cuatro por ciento y continuará disminuyendo de permanecer las actuales condiciones y, aún, será peor sí se aprueba el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

Desde siempre, los conflictos laborales en Colombia, han sido resueltos por parte de los empleadores a través de la violencia. Son innumerables los casos de denuncia contra grandes empresas y poderosos terratenientes que se han valido de paramilitares u otras organizaciones sicariales para deshacerse de las reivindicaciones de los trabajadores provocando matanzas y asesinando a los líderes, colocando la actividad sindical como de alto riesgo.

A los 121 años de los sucesos de Chicago, en memoria de aquellos héroes; en rechazo al narcopara-uribismo; por la verdad total del genocidio y el desplazamiento provocado por el paramilitarismo; por el intercambio humanitario entre las Farc y el gobierno; contra el TLC y por condiciones y salarios dignos, marcharon desde las nueve y media de la mañana del pasado Primero de Mayo, cerca de 100 mil personas por la carrera séptima, desde la plaza de toros hasta la Plaza de Bolívar en Bogotá.

¡Uribe!, ¡’paraco’!, ¡el pueblo está berraco!, gritaron entre otras arengas los manifestantes al dirigirse hacia la Plaza Mayor de Bogotá, donde no cupieron todos. Cuando hicieron sus intervenciones discursivas, con la Plaza repleta, los líderes sindicales y del Polo Democrático
Alternativo, aún la caravana de personas llegaba a la calle 26.


Fue una fiesta muy alegre y colorida, en la que la mayoría de participantes eran jóvenes. Acudieron a la cita sindicatos, pensionados, desempleados, profesores, obreros, estudiantes, indígenas, afro descendientes, y muchas organizaciones sociales más que se sumaron a la protesta contra el gobierno mafioso que preside Uribe Vélez.

Al filo de las dos de la tarde, la manifestación fue agredida por la Policía con bolillo, potentes chorros de agua y gases lacrimógenos, saliendo mayormente afectados los niños y los ancianos que allí estaban. Varios jóvenes respondieron a la agresión y en el enfrentamiento 10 agentes de la Policía y dos civiles resultaron lesionados, mientras que 80 manifestantes fueron detenidos. 13 locales del sector sufrieron ruptura de vidrios y puertas, sin que esto último logre empañar la gran fiesta que vivieron los asalariados en su día. Por esa razón se prevee que el paro nacional del próximo 23 de mayo, será un éxito rotundo contra el gobierno narcoparamilitar de Uribe Vélez.
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